ESTAMPAS DEL RÍO Y DE LAS ISLAS - Jorge Wernly - II: El Shell Guaraní.
ESTAMPAS DEL RÍO Y DE LAS ISLAS
Impresiones recogidas y vividas a lo largo de nuestro
EL "SHELL GUARANI"
El patrón del Vagabond era un tipo de pocas palabras.
Cuando de la isla, todos hablaban acerca de cualquiera de los mil temas distintos que sugiere ese ambiente, con su luna sobre el río, con la sombra de los sauces, con los ruidos de la selva... él prefería escuchar atentamente, escudriñando el rostro de los que hablaban o dejando vagar la mirada sobre la danza Infatigable de las llamas del fogón o sobre aquel 'camalote bañado de plata que pasa por el espejo del río...
Pero a veces también hablaba él.
Aquel día estaban sentados en torno a la mesa del bar, frente a unos vasos de vino. A través de los ventanales se veía el suave y eterno deslizarse del río, mientras a la ribera de enfrente, un poco más aguas abajo, una lancha arenera maniobraba para zarpar.
De pronto oyó que alguien de los de la mesa hacía un comentario que lo hirió íntimamente. Se estaba refiriendo a la gente de Alto Verde en términos que consideró despectivos.
"Ah no!", se alzó su voz grave y serena, "Ud. disculpe amigo, pero eso no se lo voy a admitir..."
"Es posible, es cierto, que haya algún sujeto de mal vivir, pero estoy seguro que muchos, muchos más hay en la otra ribera, en la selva de cemento de la ciudad, en el "ruido" de sus noches con sus letreros luminosos, en la cinta de betún de sus asfaltos, con el rugir de sus picadas"...
"Tenga presente que allí en Alto Verde vive Encarnación Pereyra, el carpintero, y Don Goyo Nievas, el entuyador, capaz de entuyar un cable de acero como para remolcar un ultramarino, y Pancho Gómez, el pescador, que se pasa el día remendando sus mallas para salir en la noche con su canoa a ganarse el sustento... Ud. los conoce. Y sabe que son agentes de trabajo, con sus hogares y sus hijos, con sus ambiciones y alegrías, con sus frustraciones y tristezas... con sus luchas, sus pasiones y sus sueños como Ud. o como yo.
Pero si en vez de considerar casos concretos, individuales, Ud. se quiere referir a esa gente en su conjunto, ... pues yo tengo algo que contarle:
Sucedió un día en que estábamos fondeados en Alto Verde Junto a la casa de Don Encarnación Pereyra. El vive, como Ud. recuerda, frente a los mueles de Y.P.F. en el Canal de Derivación.
Había estado haciéndome unos trabajos de carpintería en la cocinita del barco, pero el hombre ya había terminado y se fue llevándose sus herramientas. Quedaron a bordo sus dos hijos menores, de 12 y 15 años, charlando con mi mujer.
Cuando ya estábamos por despedirnos para zarpar, vimos entrar en enorme petrolero, el "Shell Garaní", le aseguro que nunca olvidaré ese nombre, y decidimos quedarnos a ver el espectáculo siempre interesante de las maniobras de fondeo.
Lo vimos pasar al lado nuestro por el medio del Canal, Vimos su proa imponente abriendo las aguas. Vimos su cubierta muy baja casi a ras del río. Vimos su castillo muy alto hacia la popa...
Un cabo surcó los aires y un instante después ya estaban amarrando la proa al extremo más distante del muelle de Y.P.F..
Pero antes de que lancen el cabo de la popa, el viento del noroeste que soplaba con intensidad inusitada la fue haciendo derivar muy suavemente... llegó hasta el centro del canal, y siguió desplazándose, atravesándose en el río, hacia nuestra ribera... exactamente a la altura donde nosotros estábamos!
Debíamos zarpar sin perder un instante... Los chicos de Pereyra soltaron nuestras amarras mientras yo daba marcha al motor.
...Pero ese maldito magneto volvía a fallar y el motor no arrancaba pese a todos mis esfuerzos.
En eso oímos que desde el puente de mando del petrolero, que era como decir desde los cielos, llegaba una voz magnificada por el megáfono que decía "Eh!... Vagabond!... Va a tener que salir de allí..." Y Ud. que m.... se le ocurre que estoy tratando de hacer?...", mascullé por lo bajo.
Con el Vagabond ya libre de ataduras y con el motor que se empecinaba en no andar, comenzamos a derivar hacia el petrolero, mientras la enorme mole de este seguía acercándose a nosotros empujada por la fuerza de un viento que no amainaba.
Llegó un momento en que debí abandonar mis fallidas tentativas de hacer arrancar el motor, para saltar a la borda a sostener nuestro barco apoyando mis dos manos en la banda del petrolero que se nos venía encima inexorablemente.....
Si señor. Toqué con mis propias manos esa negra pared de hierro, áspera y rugosa con su pintura medio descascarada, alta como una casa de tres pisos, que se combaba sobre nuestras cabezas, mientras miraba de reojo el extremo superior de una pala de su hélice que asomaba del agua a un paso nuestro....
Los chicos de Pereyra gritaban "Rajemo señora!..." "Nos va a hacer astillas!....." "Nos va a aplastar contra la costa!..."
Al petrolero, en efecto, le hubiera bastado dar marcha a la hélice para que su timón gobierne y el barco se desvíe nuevamente hacia su muelle... Pero el Capitán del Shell Guaraní no daba la orden de poner en marcha su hélice a pesar de que va estaba a punto de encallar su popa en la ribera!... No obstante, era evidente que no podría demorar esa orden, esa orden fatal para nosotros, más que unos pocos instantes más...
Y entonces ocurrió lo que quiero contarle: En un momento el Vagabond se vio rodeado de gente que brotó como por arte de magia, hombres, mujeres, grandes y chicos... Gente de Alto Verde, que se metió en el agua hasta la cintura, y tomaron a nuestro barco por las dos bandas, y lo arrastraron alejándolo de esa trampa mortal...
Por momentos, en algún desnivel del lecho del río, alguno se hundía en el agua hasta el pecho, e quedaba colgado de la borda hasta que lograba hacer pie de nuevo y seguía arrastrando... Recién nos dejaron cuando el Vagabond estuvo suficientemente lejos como para considerarse fuera de peligro.
Y recién entonces se produjeron esas dos o tres tremendas patadas de la hélice que provocaron un verdadero maremoto... Las olas barrieron con furia la costa, rebotaron sobre la defensa de sacos de arena y cayeron como catarata sobre la callejuela de tierra que bordea el barrio.
Mientras contemplábamos de lejos el espectáculo y veíamos cómo el enorme barco comenzaba a alejarse de la orilla y se arrimaba suavemente a su muelle en la otra ribera, reparé en algo extraordinario: la gente, toda la gente que nos rodeaba un Instante antes había desaparecido.... No había nadie en torno al barco, ni en la costa, ni en la calle.
"Y donde están todos?..." le pregunto al Negro, el mayor de los chicos de Pereyra.
"Y.... se han ido a las casas..."
"Pero vos lo conoces", insisto, "son vecinos tuyos, vos sabes donde viven... Andá, pediles que vuelvan, vamos a tomar una copa todos juntos, yo quiero agradecerles lo que han hecho!..."
Y su única y categórica respuesta fue: "No. No van a venir... Se van a ofender..."
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